2006/11/19
"La lengua verdadera se nacio junto con los dioses primeros, los que
hicieron el mundo. De la primera palabra, del fuego primero, otras
palabras verdaderas se fueron formando y de ellas se fueron desgranando,
como el maiz en las manos del campesino, otras palabras.
Tres fueron las palabras primeras, tres mil veces tres se nacieron otras
tres, y de ellas otras y asi se lleno el mundo de palabras (...)"
"Las tres primeras de todas las palabras y de todas las lenguas son
democracia, libertad, justicia", explico entonces a Marcos el Viejo
Antonio, que asi las definio:
"Justicia no es dar castigo, es reponerle a cada cual lo que merece
y cada cual merece lo que el espejo le devuelve: el mismo. El que
dio muerte, miseria, explotacion, altivez, soberbia, tiene como
merecimiento un buen tanto de pena y tristeza para su caminar. El
que dio trabajo, vida, lucha, el que fue hermano, tiene como
merecimiento una lucecita que le alumbre siempre el rostro, el
pecho, el andar.
"Libertad no es que cada uno haga lo que quiere, es poder escoger
cualquier camino que te guste para encontrar el espejo, para caminar
la palabra verdadera. Pero cualquier camino que no te haga perder el
espejo. Que no te lleve a traicionarte a ti mismo, a los tuyos, a
los otros.
Democracia es que los pensamientos lleguen a un buen acuerdo. No
que todos piensen igual, sino que todos los pensamientos o la
mayoria de los pensamientos busquen y lleguen a un acuerdo comun,
que sea bueno para la mayoria, sin eliminar a los que son los menos.
Que la palabra de mando obedezca la palabra de la mayoria, que el
baston de mando tenga palabra colectiva y no una sola voluntad. Que
el espejo refleje todo, caminantes y camino, y sea, asi, motivo de
pensamiento para dentro de uno mismo y para afuera del mundo..."
De estas tres palabras "vienen todas las palabras"
2006/11/9
Cuelgo algo de un libro q me gusta mucho y q me hizo buena compañía "el libro de los abrazos" de Galeano
¿Qué fuego sos vos?
Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al
cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá
arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.- El mundo
es eso - reveló-. un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona
brilla con la luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos
iguales. Hay gente de fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos
los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y
gente de fuego loco, que llena el aire de chispas; algunos fuegos,
fuegos bobos, no alumbran ni queman, pero otros arden la vida con
tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca
se enciende.